La Carta de Belgrado, aprobada en el Seminario Internacional de Educación Ambiental de 1975, sentó los principios fundamentales de la educación ambiental y estableció el 26 de enero como el Día Mundial de la Educación Ambiental. Este hito reunió a representantes de más de 60 países bajo el Programa Internacional de Educación Ambiental de la UNESCO y el PNUMA. Más de medio siglo después, esta conmemoración mantiene plena vigencia: la educación ambiental es clave para dotar a la ciudadanía de las competencias, conocimientos y herramientas necesarias que permitan afrontar la acción climática y construir sociedades resilientes.
RETOS EDUCATIVOS ANTE LA EMERGENCIA CLIMÁTICA
Los sistemas educativos no avanzan a la velocidad que exige la crisis climática. El último informe de seguimiento de la UNESCO revela que, aunque alrededor del 50% de los currículos analizados abordan el medio ambiente de forma general, los contenidos específicos sobre cambio climático apenas alcanzan el 21%. Sin embargo, el activismo juvenil impulsa cambios tangibles más allá de las aulas. Desde 2012, la presión estudiantil en Estados Unidos ha logrado que 141 instituciones de educación superior retiren sus inversiones de sectores vinculados a los combustibles fósiles.
En el ámbito nacional, todavía existen brechas de conocimiento significativas. Un nuevo informe del Observatorio de Transición Justa que trata la percepción sobre la transición ecológica en España (2025) señala que, aunque casi la mitad de los jóvenes comprende el concepto, un 29% declara no hacer odio hablar nunca de él. Esta cifra subraya la necesidad de reforzar la labor pedagógica entre las nuevas generaciones.
La educación se erige como un motor indispensable de transformación social, donde la enseñanza y la sostenibilidad deben avanzar de la mano. Esta visión es compartida por el docente y escritor César Bona, quien sostiene que, “el gran cambio va a venir de las escuelas hacia arriba porque la educación es donde todo empieza, lo que somos y lo que queremos ser, y la sostenibilidad es hacia donde hay que ir”. Durante su intervención en el noveno episodio de Naturalmente, el podcast de la Fundación Biodiversidad, Bona defendió la necesidad de situar la infancia y la adolescencia en el centro de la acción.
ESTRATEGIAS PARA LA TRANSFORMACIÓN Y LA ACCIÓN
En este contexto, el marco europeo de competencias en sostenibilidad (GreenComp) subraya la necesidad de integrar el pensamiento sistémico y la acción colectiva en los modelos educativos. El desafío actual trasciende la mera inclusión de contenido teóricos sobre el cambio climático, exige transformar los centros en espacios de aprendizaje que se conecten con su entorno. Para desarrollar estas competencias, se apuesta por metodologías activas como el aprendizaje basado en proyectos, la gamificación, el contacto directo con la naturaleza y el análisis de casos reales.
Por su parte, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), junto al Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes (MEFPD), elaboró el Plan de Acción de Educación Ambiental para la Sostenibilidad (PAEAS), cuyo Programa de Trabajo para el año 2025 comenzó su ejecución dicho año y continuará los siguientes.
La Fundación Biodiversidad desempeña un papel vertebrador en esta estrategia y actúa como puente entre el conocimiento técnico y la acción. La Fundación materializa estas directrices mediante iniciativas como el impulso de un programa de ciencia ciudadana en medio marino o la formación a personal de las administraciones públicas en ámbitos como la renaturalización urbana, la gestión marina y el cambio climático. Asimismo, la entidad refuerza su apuesta por combinar arte y naturaleza a través de exposiciones en su sede de Sevilla, que buscan inspirar a la ciudadanía a participar activamente en la protección del medio ambiente.
Además, la Fundación coordina o participa en proyectos como LIFE Cerceta Pardilla, LIFE INTEMARES o LIFE A-Mar Natura 2000, que integran acciones específicas de educación ambiental. Un ejemplo destacado es el programa educativo del LIFE ECOREST en Cataluña, que acerca a las aulas la biodiversidad de los fondos marinos profundos. Del mismo modo, a través del Programa Pleamar, la Fundación apoya proyectos como LEVABENTOX del IRTA, que imparte charlas sobre la vida microscópica marina con demostraciones prácticas, o la iniciativa CAMBIA de la Universidad de Alicante, que organiza talleres para visibilizar el papel histórico de las mujeres en la oceanografía.
Más allá de la transferencia de conocimiento, la educación ambiental es una herramienta poderosa para construir un futuro resiliente. El objetivo debe ser impulsar un aprendizaje transformador que priorice la vida dentro de los límites del planeta y nos conciencie como agentes del cambio.